Fuimos rebaño…

Febrero 14, 2008 at 9:14 am (Hipidance, Otras yerbas)

Como esos momentos en que recuerdo que soy el ¿autor?…

No no, vamos de nuevo…

Como en esos momentos en que recuerdo que soy el ¿co-autor? de este blog y que deberia postear mas seguido… No, no, nada de deber, las obligaciones no me gustan…

En fin, a veces recuerdo (como en este momento) que soy el co-autor de este blog. y que podria postear de vez en cuando, y me limito (sin limitacion alguna) al simple echo de armar esto que, hasta ahora (y quizas hasta el final) no diga nada util y asi complacer a cualquier bicho raro que entre, para que quiero descubrir el significado de la existencia humana?

Plantiemos que somos el zapato de la sociedad, somos de esos elmentos (junto a una llave inglesa quiza) los cuales tenemos la letal capacidad para describir al de al lado, y a todo lo que nos rodea. (Claro esta que la llave inglesa se apareceria en otro contexto, en “otras calamidades del mundo de hoy”).

 Supongamos que somos un zapato y tenemos una fiesta, y que somos usados por un mercader neoliberal de esta decada (inter)galactica la cual nos lleva a estar cada vez mas lustraditos, listos para usarse cada vez que se lo necesite (podes pasar meses encerrado en el armario de los “excesos-ingresos de la industria” sin que te miren). Tengamos la certeza de que somos zapatos negros y que, en el armario que acabamos de dejar, hay muchos como nosotros, aparentemente iguales, a la espera de nuestra llegada, de nuestra señal.

En este momento nos paseamos por marmoles lustrados en la recepcion de la gran fiesta, el sueño americano. Tacos altos se acercan, pero no un par, sino muchos, y otros zapatos tambien se acercan, iguales a nosotros, caros lustrados, bebedores “del manjar del momento y chau”.

Observacion: todos los portadores de los zapatos y tacos son  gargolas…

Estamos contentos, el tipo manduca canapes como un cerdo (el si que no tiene remordimientos) pero no nos importa, caen migas, nos vamos llenando, migas y migas por todos lados y una cortesia demoniaca entre nosotros, zapatos y tacos, que  va desapareciendo, cuando los ojos enrojecen de ambicion.

Una vos en off (todo muy expresivo) anuncia el paso hacia la otra sala… Como ovejas de rebaño obedecemos (a veces no queda otra).

No tiene caso relatar lo que siguio detalladamente, con una primera imagen a veces basta para manchar vuestros ojos…

Sin embargo siempre aparece algo digno de contar: estamos en la mesa y, entre sombras de zaguan de barrio a las 4 de la mañana, reconocemos a alguien… Entre gestos mas que sexuales (no confundir sexual con erotico) logramos comunicarnos euforicos y asombrados, pero siempre con mucha cautela, las gargolas siguen encima nuestro y siempre estan dispuestas a echarnos una hojeada…

Pensamos por un momento en nuestros compañeros. No los de la fiesta (pobres diablos ellos, encerrados en este “gourmet del infierno”) sino en los que quedaron en casa…

Imaginamos de repente al “tipo de los trabajos sucios” (su jefe esta en la fiesta, el no se queda para las cochinadas domesticas, el solo juega los Grand Slam) que aparece de repente con su ¿bisturi o su pincel? (trabajo de cirujano o de artesano?). Listo para acomodar aqui y alla, listo para que (al volver el pez gordo de la fiesta) no se reconosca cual fue el anterior usado, todos identicos… Remover manchas de aqui y de alla, plumero en mano para limpiar y latigo para castigar a los pecadores “y que no se les vuelva a ocurrir hacer esto”: el tipo a caido en la trampa…

De nuevo con la cabeza en la fiesta, media hora para que termine. Despues de dirigirnos 15 veces a la barra de las anestecias (tuvimos que utilizar los mismos metodos que ellos) nuestra gargola, y quiza otra del baile (recordemos que ya no estamos solos, que hemos encontrado complicidad debajo de una mesa) comienza a tambalearse hasta caer sobre una mesa, y comienza el desbarate que ya hemos estudiado miles de veces (cabe destacar que el rebaño del cajon, dejo de serlo hace bastante, y ya tiene cabeza) y si, resultan ser tan predecibles y torpes como imaginamos… Nos despojan de la gargola (alivio nuestro mediante) y vamos a parar al asiento trasero de la limosina del tipo (gargola) del que hasta hoy hemos sido prisioneros… El tipo se recuesta con la cabeza al lado de nosotros y da una orden al chofer que solo la cumple por que nuestros compadres (otros zapatos) se lo ordenan.

Aclaracion: el chofer tambien llevaba zapatos, y estos han estado haciendo su trabajo con el mientras nosotros haciamos el nuestro en la fiesta, dando cuenta que nuestro brazo llego mas lejos y menos solo de lo que nosotros mismos (pesimistas por naturaleza) imaginabamos…

Llegamos a la casa, ya montados encima del “pez gordo” y no debajo, ya no bajo sus pies sino sobre su cabeza, acompañados por el chofer, tonto ingenuo obrero con sus delirios de grandeza al que al momento crucial hemos de perdonar, tocamos la puerta, la cual se abre inmediatamente y nos muestra al “tipo de los trabajos sucios” con un zapato en la cabeza, como el “pez gordo”, como el chofer, como todas las gargolas de la fiesta que ahora caminan derrotadas al fin por este rebaño que dejo de ser rebaño, por todos los rebaños que dejaron de ser rebaños…

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Otra polilla en busca de la luz..

Febrero 5, 2008 at 9:06 pm (la nena)

Tocar débilmente un dedo intangible, desde ese más allá.. más acá también. Tan aca, también.
Cuanto es posible y cuanto querible, o anhelado ..politizar el anhelo, es eso?
Prestigiar algo inalcanzable, primordial, pero atestado, neblineado.. infranqueable.

Permitir el golpe de la puerta abierta en la pared, que suena a vida, miedo y libertad..permitirlo pero sin morir. El problema es el picaporte, porque esta tan malditamente oscuro el lugar.. y a los manotazos andamos todos, golpeando algún dedo, pero anhelando, siempre anhelando ese metálico sonido de gravedad que entre sangre Y ganas aveces quiebra y nos muestra una escalera, y una briza con olor a futuro..
Pisando de apoco , temblando rodillas, retrocediendo uno o dos.. gateando esperanzas, mirando hacia arriba, subimos. Ahi en el fondo esta ese huevo deluz blanca cegadora, que muytentador te incita a seguir subiendo. Inalcanzable te ve desearlo, y vos babeando por él subis. Tropezando, temblando, asustado por momentos, pero siempre fiel a tu huevito de oro, ese que te encandila, ese que anhelas..
Y aveces haces paradas mínimas, (cada tanto alguna lucesita te distrae) pero nada se compara con tu huevito deseado. Entre sueños lo alcanzas y sudando despertas, aterrado.
Con el tiempo empezas a acelerar el paso, más constante, más rapido, más eficaz.. queres tocarlo, sentirlo, saborearlo por completo..
Pero el momento no llega, y lo que te llega es el fin de tus dias, y te llega cansado, flaco y porsupuesto, con el corazón roto.
Con tus ojitos débiles y entrecerrados divisas tu tan anhelado huevito. Sigue ahi,.. Esplendoroso y claro como nunca. Tu vida fue un tren sin parada, y tus ganas te destruyen.. cerras un ojo, y despacio cerras el otro memorizando la imagen..lentamente quedas ciego, y tu sol se borra sin apuro.

Si, matemos a dios, ‘milagro más, milagro menos’ nos sacude sin eficacia..

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