“Ultima carta de un bichito a particulas de sus amores…
Acabo de abrir la llave de gas. No se asusten, no es un suicidio, no, solo arribo a mi naturaleza.
Este regalo de la razon me fue, por largos momentos, un castigo. Eso si: los humanos me gustan, amo humanos, no detesto su naturaleza, solamente no naci para ella.
No quiero lagrimas, ni tristeza, esto lo hago por mi, ergo seria indudablemente egoista de mi parte que se sientan tristes.
No me mato, me libero, nasco de nuevo. Me voy alla donde miran cada dia, en la punta de la arboles ese fuerte viento voy a ser. Bailotear entre el crujido de la hojas, coqueteando.
Motivos de mi felicidad, el problema siempre fui yo. Como ese paraiso en el que nadie quiere vivir, no? Eso es para mi este cuerpo, solo que me toco vivir en el. Ya no mas,
me deshago de el ahora, para perder la forma. Solo se trata de esto, de poder perder la forma, de no adjetivizar, no habramos la boca, solo perdamos la forma, y la cordura.
Solo me deshago de la razon, fiel compañera de todos que le da razon a todo lo que existe, pero no sentido, algo propio de la sola belleza, que existio, existe y existira a pesar de
nuestra racional existencia. Hacia alla me voy, mi impaciencia y el hastio de mi mismo me llevan alla. Antes de que me encuentren llendo, me adelanto y los espero con una sonrisa, si es que vienen para aca
y no se van a lavar sus “pecados”, si es que eligen el viento y bailotear muertos de risa y no el “cielo” bueno y prometedor que (valga la redundancia) se les promete.
El cuerpo? Lo que quieran, ya me voy de el, dejo el disfras y las ataduras. Perdonen si me rio, estoy feliz, cobran para mi poder las sueños ahora, cuando me voy a soñar.
Me gusta cantar, pero mas me gusta que me canten, me convierto en cancion, y solo soy del viento. Espero ser evocado por sus gargantas enardecidas, unico anhelo que tengo,
y que me permitan volver todas las noches (entre sus ventanas abiertas, sin miedo) para acariciarles la nariz, cosquillearlos y que salgan a dar una vuelta conmigo a las 3 de la mañana,
presos de esta fiebre en que se convierte la vida cuando se vive…
No reporten, no piensen, no hagan caso al crepusculo que crece como una mala señal, me mato para no morir, para seguir vivo, enruletado, para cansarme de tanto correr montaña abajo con el viento acariciandome
los ojos, que no se cierran.
Ya nos estamos viendo, seguro recien los vi, desde arriba, debo estar carroñeando contra los reparos que no me dejan circular libre o ayudando a vuelo a algun desamparado.
No crean haberme encontrado muerto, justo ahora que mas vivo voy a estar.”
Me mato para no morirme. Escribo para no matarme.