“Cambio instinto por seguridad”…
Comienza con la imagen de un buen mozo (a retinitillas poco inspiradas) conduciendo a una mujer (de unos aparente 30) ciega, que se entrega sin condiciones a su voluntad.
Nadie esta exento de la perversidad. El hombre la acerca hasta un arbol y contiene el impulso de hacer a la mujer golpearse contra el.
Miro para arriba, el semaforo esta en verde para los autos (para nosotros, los transeuntes, siempre esta en verde). Veo que se acerca. Se le notan las primeras canas saliendo de su sien,
su pensamiento envejesido.
-Y ella?- pregunte.
-Mi hermana menor, Claudia, lo que necesitabamos para hoy- dijo con pretendido desligue de sus pasadas afecciones Mario.
-Que dijiste?- pregunto Claudia, saliendo de su ensimismamiento.
-Nada, Gabriel nos va a enseñar algunas cosas hoy- explico su hermano, que me mirada de forma significativa.
Sin poder salir de mi asombro (“a su propia hermana, igual no me voy a negar, estuvimos años con esto, la desicion es de el”) los invite a que empezaran a caminar hacia mi casa-laboratorio.
Hacia 5 grados, estaba en remera y sin embargo me sofocaba de calor. “Esta piel”, pense. Caminamos un rato (rato por no hablar, hay malas companias para los silencios) y llegamos a la puerta de mi casa.
De la ventana salian risotadas embriagadas de vodka y poker, que esperaban mi llegada.
Entramos, y se abre, como si fuera aproposito, un inmenso silencio que solo pretende abarcar el sonido de un vaso roto de asombro.
-Ah, llegaron. Pense que ya no venian- decia martin, pelirrojo y siempre despierto, unos ojos inaguantables que lo controlan todo.
-Marisa y yo ya nos estabamos por ir, pensamos que otra vez se habia podrido todo, como las 300 veces anteriores- decia Flavia, que juntaba los restos del vaso que habia roto.
Habia en el living 2 personas mas que no conocia. Siempre pasaba, mi casa no cerraba las puertas a nada ni nadie nunca, una maldita neutralidad.
-Bueno, vamos para arriba nosotros, ustedes sigan con eso que en un rato bajamos y les contamos- dije y emprendi el camino por las escaleras, haciendo señas a Mario para que subiera con su hermana.
Entramos al laboratorio.
-Bueno, mira Claudia, este es el mejor momento para decirtelo. No vinimos a aprender nada hoy. Estamos en un laboratorio, y solo queremos aca con mi amigo Gabriel examinarte un poco, nada mas. No te asustes, no te vamos a hacer nada-
Mario, como era debido, habia dado el primer paso. Ahora solo restaba la reacciones de Claudia.
Ella comenzo a enrojecer, agarro fuertemente del brazo a su hermano y comenzo a vociferar en voz alta.
-Me queres explicar esto, Claudio?- decia mientras se notaba en su rostro el enojo. -Que me trajiste aca para que?-.
Era el momento, me abalanzo sobre la olla de cristal, recojo de paso el succionador, y, en una maniobra compartida con Mario, logramos soblegar la fuerza de la mujer que, me marcaban los censores, estaba cada vez mas enojada.
La recostamos (“sueltenme hijos de puta”) sobre la camilla y la atamos a ella, de pies y manos.
Me abordaba una emocion casi animal, estabamos al punto. Conecto con impaciencia la olla de cristal al embudo, y luego este ultimo lo introdusco en su oreja de a poco, suavemente, la necesitabamos entera…
Comienza la perlita verde a salir de su oreja, se introducia de a poco en el embudo y luego, mas lentamente en la olla. Su cara comenzo a tomar un color mas normal, y proporcionalmente la olla iba tomando un color rojo vivo, y comenzaba a calentarse.
Retiro de un tiron el embudo de su oreja (mis manos no permitieron mayor delicadeza) y lo coloco todavia enganchado con la olla en la mesita mas cercana.
-Y? Como sigue esto?- preguntaba Mario, con un brillo de triunfo en los ojos.
-Ahora hay que esperar que despierte- conteste algo cansado.
Nos sentamos a fumar y a esperar que Claudia despertara. La penumbra de la pieza me llevo por lugares extraños, dificilmente relatables. Nos manteniamos en el mas fiel de los silencios. Las miserias me comenzaban a brotar en la pasividad previa a la tormenta.
Estaba en el ojo del huracan. “Los millones”, pensaba, “balnearios y desayuno en la cama a la mañana” manifestaba mi cruel e uniforme sentir en ese momento.
-Mira, ahi esta- Mario me samarreaba del brazo. Me habia quedado dormido.
Claudia estaba despertando. Procedimos rapidamente a desatarla, para que no se asustara.
Mire sus ojos. Caudia estaba viendo.
-Puedo ver- dijo Claudia tranquilamente sin ningun tipo de pasion. Me mire con Mario, su cara expresaba lo mismo que debia expresar la mia: Habia salido genial.
-Bueno, y ahora baja con los chicos que te esperan abajo che!- le dije. Acto seguido Claudia se levanto y salio cerrando la puerta detras de ella. Se sintieron sus pasos bajar la escalera.
Corri hacia el televisor de vigilancia, lo encendi y tuve un panorama auditivo y visual absoluto del living. Parecia marchar bien la cosa, los chicos seguian bebiendo y jugando al poker. Se escuchaba una pequeña charla cuando Claudia irrumpio en la escena.
Sin siquiera saludar, se sento en el sillon al lado de uno de los dos chicos que no conocia.
-Es una inmundicia, todo es un museo de la memoria. Todo es el pasado como algo desprendido, desligado, solo para recordar. Puesto en la memoria para firmar su sentencia de muerte. Nos juegan con el tiempo como si fueramos bolitas de naftalina,
todo en un pedestal, solo para remarcar su imposibilidad y que los tiempos eran otros- decia el chico con algo de enfado.
-Pero no se puede luchar contra la corriente, es tranzar o nada, Seba- decia flavia.
-Vez!!! Es pura indiferencia, todo perfectamente armado para que termines diciendo estas cosas- dijo el otro chico que hasta el momento no habia abierto la boca.
-A ver, a ver, parece que Claudia quiere hablar che!- dijo Martin.
-Todo esta perfectamente bien. Las cosas en su lugar, cada uno a lo que le toca. Ahora puedo ver, solo existe lo exterior- se despacho Claudia.
-Bah, puras boludeces- dijo Sebastian.-Resulta que ahora nada vale? Nada sirve? Todo es por fuera? Nacimos de un repollo?-.
-Da lo mismo, si nacemos igual- respondio rapida pero tranquilamente Claudia.-Vamos a negar la tecnologia?
-Vamos a negar al hombre?- reviro Sebastian.
Al lado mio Mario se sonreia. Yo tambien estaba contento. Mi mente volo por unos segundos, otras vez “los millones”…
Mario suspiro.
-Que paso?- le pregunte.
-Ufff, no escuchas vos? Siguen discutiendo. Ahora Sebastian o como se llame el chico ese se levanto para ir al baño y Claudia se fue a buscar hielo para la bebida. Vamos a bajar.
Bajamos lentamente las escaleras, hicimos un gesto a los presentes en la sala y nos quedamos parados contra una pared observandolo todo y haciendo caso omiso de las miradas incredulas de Martin, Flavia y Marisa.
El chico del que no supe ni se el nombre se encontraba incomodo.
-Dale Seba, apurate que yo me tengo que ir.
Seguimos en un silencio de funeral. Pasaron los minutos. Volvi a volar.
Un leve gemido me trajo de nuevo a la realidad.
-Que fue eso?- dijo el chico levantandose del sillon.
-No se, no se, fue en la cocina, voy a ver- dije algo desconcertado…
Salgo al pasillo que me lleva a la cocina, “los millones, hasta una isla si me reconocen lo que hice. Igual no lo pueden ignorar”. Segui caminando, era largo el pasillo, mas de lo que me acordaba.
Soy contra una puerta de madera y me pregunto que hago ahi. Miro hacia atras, hace tiempo que habia dejado la cocina atras. No me resulta casualidad encontrarme mirando para abajo. Veo una mancha de sangre. Miro de nuevo hacia atras
y veo todo mi recorrido marcado con pequeñas gotitas de sangre que conducian justo a la puerta que se encontraba delante mio, la de mi habitacion. “Espero no haya sido en la cama, despues la conciencia me juega malas pasadas”.
Empiezo a abrir la puerta lentamente, con un poco de andsiedad y otro poco de miedo.
Lo primero que veo es a Claudia de rodillas agachado sobre algo. Miro mejor, es un cuerpo, algo lastimado parece.
-Miro que feo que es por dentro, y el que me hablaba de la belleza interior- me dijo Claudia imperturbable, girando y mostrandome, con los ojos desenfocados, como se acomodaba en la cabeza, en forma de trofeo, la piel de Sebastian que yacia
despedazado a su lado.
“Primero lo hago sin tu consentimiento. Te doy salud a cambio de la renuncia a tus instintos mas fieles. Te doy un lugar que crees tener, y no desaprovecho tu nueva falta de sensibilidad”.
Toque su temperamento, su animo, su humanidad, que yacian todos en una perlita verde que se encontraba en el fondo de mi bolsillo, y sali de la habitacion silbando despacio.
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Cuento largo y denso, algo que pense que iba a estar mejor…
Algo repartido en dos impulsos…
Esa esquina, hoy,
le salpica heridas de melancolia a cualquiera
la andabas envuelto en viento
saliendo del tiempo para comerlo
Nos observe pateando piedras
cuando las heridas
pasaron a ser frias de filo
Hasta aquel
que en el aujero solto insomnio por las venas
temblo al ver el bache tapado
que ayer lo llevaba al bicicletero
Saliendo del tiempo para añejarlo
a ver si mañana tiene otro sabor…
Ahora ni nos observo
me tiento bajo un humo de Tim Burton
y juego en laberintos, recuperando la inocencia
La inocencia que me queda,
la inocencia cuando puedo,
la inocencia que los obedientes vomitan
muriendo asi en vida…
Y la paranoia es que el humo
se convierta en hongo
y todo muere
menos el tiempo, que no existe
y por eso se queda…
(Tendria que estar estudiando la puta madre)…