La sangre es para siempre, nada puedes hacer…

Marzo 31, 2009 at 6:18 am (Uncategorized)

De historias que juntaron polvo en una cajita musical, estaba soñando. De la irresistible fuerza anti-empirica que me lleva a imaginar mi vida mientras, algunos dicen,
la realidad me pasa por el costado. Mentira, les digo. La realidad me abunda en el cuerpo. Si al roce de una melodia me pierdo para teñir de plateado y de rojo en finas tiras mi piel,
es que la realidad me llama, que la realidad es un compuesto de pasiones que le dejaron un lugar minimo (e indispensable, es verdad) a la razon para dar cuenta de ellas.
Si El Señor dijo que no a un cigarro por que para el era chupar cancer, sino supo que en el lento espiral del humo gris violaceo se sucedian y bailoteaban figuras unicas, inevitables como la realidad,
figuras que morian solidariamente para fundirse en su lecho de muerte atiborrado de gloria con otras figuras y formar un cielo al alcance de la mano, si El Señor no entendio que tomar el cigarro en sus dedos era esto, yo no me hago cargo, no.
O quiza lo entendio, y quiza encendio el cigarrillo y dio una pitadita, y quiza tambien se asusto al no poder manipular esas formas, al ver que las cortaba en medio del aire con un gesto imperativo y que estas, impertinentes y rebeldes, volvian a juntarse.
Quiza esto le dio miedo al señor y, en su soledad, juró no contarle a nadie de su pecado. Quiza por eso hoy “El Fumar es perjucial para la salud”.
Quiza el miedo que impide a la gente sacarse las cadenas, quiza el miedo que les impide vivir la realidad (que les impide dejarse a las pasiones) es que esta es impredecible.

Auto-control, auto, auto-mata, control remoto. Soltá el control remoto!

(E de señalar que en este texto, aparecen los dos primeros acentos de todo el blog. No es casualidad)…

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Marzo 30, 2009 at 3:16 am (Uncategorized)

Si un claustrofobo como yo se pregunta “donde vas a estar cuando la luz se apague?”, no es por que le tema al silencio, no…
No es el miedo a la oscuridad, lugar donde nuestras vacilaciones se hacian añicos y galopabamos, despatarrados, por los grosores de la pasion…
Es el miedo de no desembocar en tu calido parloteo de niña, es que no este tu grito alumbrando otros gritos, que yo no pueda hacer chispas en tu llanura tenuemente lunar…
El agua baja cada dia, cae sobre mis miserias, las dispersa o las engrosa, segun mi egoismo lo indique, segun sea o quiera ser…
A mi no es una luz naranja lo que me ilumina el alma si no hay una amarilla, una negra, una roja, una azul, si no estan todas las luces. Y tampoco me ilumina si no es un juego, si no es un juego de luces.
Te digo, mi amor, que no me voy silbando bajito y riemdome, como me gusta, si no gritas un poco en la marcha conmigo.
Ayer tierra, hoy barro, el silencio se me hace espeso de pasiones y pensamientos, como un pajaro arrancando vuelo instintivo al cielo el primero (las explosion del aleteo y el resguñar en un tronco), como elegante planeando el segundo,
la cabeza ardiendo entre los dos.
Si pateo de rabia en mi vigilia, que me reciba el suelo (y el dolor atroz que voy a buscar, desafiandolo), pero si estoy pensando, acostado, en cosas que pensando no puedo pensar, decido estirar la mano en busca de algo y le doy una piña a la pared, ya me duele,
ya no quiero el cemento frio, cuadrado, sobre el que se construyo mi cabeza.
No busco ir para adelante, por que no se donde queda, a vos tampoco te dieron una brujula y nunca existieron aparatos fantasiosos ajenos a nosotros que supieran donde quedaba el paraiso (que tampoco busco, ese lugar repugnante y servil de las conciencias que se lavaron los placeres
en plan de una nada total, dolorosa y abjecta para los que no dejamos la vida guardada en la caja vulgar de unos zapatos). No busco el trazo fino y cortito de los caminos con carteles aviva-giles, ni transitar rapido y tranquilo lo que para alguien fue meseta misteriosa como si fuera llanura soleada
(ni eludir con erudiccion las penas que otros, en la marcha de la vida, mordieron, gustosos, a flor de piel).
Solo quiero, en el tumulto y floreo de las manos cantando, de los pies sobre las cabezas, rozar tu mano con la mia, y agarrarla si vamos juntos.

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