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Abril 8, 2009 at 3:49 am (Uncategorized)

Una insolencia fria, tan antigua. Quien se atreveria a sentarse, ahora que ella, castaña desde la cabeza hasta los pies, Custodiaba ese asiento vacio?
Ella sonreia, amable, lo afrecia, y en sus ojos una tranquilidad profunda, una tranquilidad que asomaba por que quien se atreveria a sentarse? Nadie en la historia se atrevio a desafiar ese formalismo que todos lo aceptan indiferentes.
Alguna vez alguien lo habra hecho, es cierto, y esa es la explicacion sublime de por que no entro en la historia, ese lugar de cobardes envalentonados por no se que pacto religioso con la almohada, la colcha, el 0Km y una serie de cosas que se han tejido con el tiempo
(sacando y poniendo siempre, saco circo romano, digo pan y circo y ya te tengo echando raices frente al tele) en los lugares mas vistosos del mundo, en los lugares mas domesticados del vistoso mundo, en lo mas (in)mundo de nuestro vistoso planeta.
Ahi, en esos lugares, te cruzas con mi mirada (yo tambien soy un parasito, yo tambien estoy aca, yo…), temblas. Y si me atreviera? Y si comenzara a silbar, a caminar hacie adelante, a esquivarte suavemente, a sentarme en el asiento que ficticiamente ofreces, realmente negas?
Y si lo hiciera? No podrias negarte, deberias correrte amablemente, o quiza indiferente, pero por dentro ninguna de esas dos cosas. “Atrevete”, me decis con la mirada, desafiante pero previendo la derrota, buscas tu derecho a sentarte en una moralidad a la que, sabes, no adiero.
Veo mi parada, me salgo de esta lucha, me bajo del bondi. Desde la vereda te observo, veo tu mirada fija y odiosa, te aferras con tus garras al asiento y escupis espuma por la boca.
Me sonrio. Hoy, te gane.
(Anotacion: borrar inmediatamente el facilismo “tambien” de mi vocabulario).

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