Ni relojes de agua.
Como nos habiamos drogado, literalmente. Era la segunda vez que lo haciamos. La primera habia sido hace mucho tiempo, y el motivo de tanto espacio de tiempo entre las dos veces fue
era el hecho de que solo lo haciamos si participabamos todos, para hacerlo de verdad.
Era realmente gracioso ver a alguien nuestro en pleno tiro libre mientras uno conversaba sobre el tiempo, desde adentro de la cancha, con una vieja que estaba en la tribuna, para terminar en una discusion
sobre alguna eleccion presidencial. Era lunatico ver desde el banco de suplentes como todos en la cancha se rascaban las piernas, temblaban de placer,
como se les rosaban las mejillas como si estuvieran pidiendo perdon, y como entre nosotros corria una risa complice.
De afuera: Abucheos, puteadas, risas de los mas chicos, reprobaciones de los mas grandes, y el profe que corria loco por todos lados, ya no sabia a quien poner, todo era el mismo resultado: caminaba de un lado a otro, rojo de ira,
miraba a alguien del banco, le decia “vos, veni, dale”, y apenas decia eso, el elegido se paraba y empezaba a temblar de risa, a tocarse, a mirarse las manos, a callar con mas risas las risas de los que se quedaban complacidos en el banco mirando una luz y gritando “como si este fuera distinto ahora”.
Eramos uno solo, correteando, todos en el mismo lugar fundidos, y lo unico que nos interesaba eramos nosotros, y si recurriamos al exterior era por ver frustrada alguna de nuestras interacciones por las reglas que nos imponian desde alli.
Entonces todo termino, salimos todos corriendo (del resultado ni noticias, del profe menos, seguro ya se habia ahogado en el bidon de agua) y entramos a las duchas.
Ahi empezabamos a reirnos nerviosamente, con un placer que superaba cualquier razon o motivo que le quisieramos adjudicar. Por eso nos metiamos en las duchas frias y sentiamos las gotas como perlas suicidas y efimeras que nos acariciaban la espalda.
Pero ese juego duraba poco. Alguien se cruzaba de lado, y paf, iba y le plantaba un cachetazo en el culo a otro. Y ahi ya no habia vuelta atras. Obviamente se disimulaba un poco: el otro se daba vuelta y hacia como que se seguia duchando. Pero ahora los 5 dedos rojos marcados en la nalga de alguno, flotaban como el vapor del agua caliente (ya habiamos abierto la caliente, le daba cierto aire de bruma al ambiente, cierto misterio y se formaban ciertas figuras que solo detras de una nube se podian formar, esto nos divertia) en el vestuario.
Y ahi empezaba un juego de corridas, golpes, desentendimientos, gritos que salian de algun lugar in-ubicable, risas, un resbalon que terminaba en un ruido asquerosamente risible. Se escuchaban de fondo las risas del Turco que, sin saber a donde ir y sin saber que ruta cortar ya a su paso, agarraba a alguno seguro mas chico fisicamente que el y le intentaba meter la cabeza en un inodoro.
Y eramos todos uno. Una cosa disparatada y multiforme como el instinto que corria por la habitacion en busca de quien sabe que encuentro inesperado, tambien quiza en busca de algun contacto de piel a piel que nos alejara de la idea de que perdiamos la forma humana. Y era asi, cuanto mas shampoo en los ojos, cuanto mas alaridos los alaridos y risas las risas, ibamos de a poco perdiendo la forma humana.
De afuera empezaban a sonar grititos de seres pequeños que se acercaban a espiar por la ventana, y a nosotros nos llegaban como el susurro de una realidad que quedaba ya muy lejos, como esas cosas que se ven dulces cuando estan lejos, por que en realidad ninguno queria volver a todo eso (nadie sabia bien como hacerlo tampoco). La nostalgia que se pintaba en nuestros rostros era linda y disfrutable en la medida que era eso, una nostalgia y nada mas. Enseguida alguien te gritaba al oido o te escupia agua en un ojo y se volvia al juego, dejando a los gritos de los niños
retumbando lugubremente en una habitacion llena de vapor, triste, donde no habia nadie mas que unos perdedores bañandose con la cabeza gacha (por que eso era lo que ellos veian, sus ojos no podian penetrar en nuestra realidad).
Y asi pasamos, quien sabe cuanto? Pero todo tenia su fin. Los niños habian dejado abiertas las ventanas por las que nos espiaban, la niebla se convertia en vapor que se escapaba entre nuestros dedos, el agua empezaba a quemar y los moretones empezaban a aparecer.
Luego, todos sentados, cambiandonos, uno al lado de los otros (ya volviamos a ser unos y otros). Lo unico que perduraba era la complicidad, el guiño de haber descubierto algo sagrado que todavia no sabiamos lo que era, pero que estabamos dispuestos a volver a buscar.
Fuimos saliendo. A 50 metros ya del vestuario, giro la cabeza y lo contemplo. Todavia salia cierto vapor por las ventanillas, nuestras huellas que perdurarian quiza algunos minutos mas. Veo a una chica entrar al vestuario.
-Quedo alguien en el vestuario?- pregunté en voz alta.
-Somos 13, falta Jaime, seguro se quedo rezando, pero es en vano, dios no perdona semejante incursion en el pecado- contestaron desde algun lugar de nuestro amontonado caminar.
-Que lindo que es el vestuario asi, mira como sale el vapor, parece que esta respirando como exahusto, como si el hubiera jugado con nosotros- dijo otro alguien.
Dirigi la miraba a la bestia que ahora respiraba tranquila, como se prestaba solidirariamente para todos esos delirios con que derrotabamos la realidad, como ahora se estaba preparando para ser testigo no de unos rezos,
sino de unos desconocidos que quiza, entre besos y caricias, ya se conocian mejor de lo que yo pensaba.
-Si, bailaba que era una cosa de locos- conteste sin saber bien que habia querido decir…
________________________________
Ojala no se entienda nada. Saludos…
lapeque dijo:
abril 21, 2009 a 1:38 am
que lastima que se entiende mucho.
mucho vapor en tus regaderas, tu habilidad enel deporte saca frutos, ludico pequeño circular, allá un beso.